“Prisionero en la calle” reseñado en “El Comercio”

El crítico Francisco Melgar se ha hecho eco en su sección “Entre líneas” del diario decano de América Latina “El Comercio”,  de la última novela de Juan Carlos Mústiga. “Prisionero en la calle” está dando mucho que hablar y no diremos que es una sorpresa para nosotros, hablamos de un texto con vocación de perdurar.

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En torno a la presentación en Lima de la novela “Prisionero en la calle” de Juan Carlos Mústiga

Queridos amigos:

Como ya sabéis, el pasado 16 de junio se presentó la novela “Prisionero en la calle” que coeditamos con Arcadia Ediciones en Lima. El acto fue un verdadero éxito. Hoy comienza a llegarnos el recuerdo gráfico y literario del evento. Aquí os dejamos una nota publicada en la revista Caretas y un divertido y entrañable reportaje en el mismo medio. Además el precioso texto de presentación leído por la poetisa y periodista del Comercio de Lima Milena Alva y el texto que en el acto leyó Juan Carlos Mústiga. Enhorabuena maestro, pronto nos veremos en la presentación de la versión española de la novela. Podéis acceder a más fotos e información del acto en nuestra página de facebook.

Presentación de “Prisionero en la calle” de Juan Carlos Mústiga

Queridos amigos:

Es un placer informaros que mañana, 16 de junio, a las 7.30 p.m., se presentará en Lima (Perú) la novela Prisionero en la calle de Juan Carlos Mústiga, coedición de la editorial Arcadia y EC Editores. En breve se editará y presentará también en España. El acto tendrá lugar en un restaurante clásico de Pueblo Libre, “El Bolivariano”. La presentación estará a cargo el periodista Jaime Bedoya de la revista Caretas y la actriz y comunicadora peruana María Alena Alva, con la asitencia también al acto de la crítica y poeta Marcela Robles del diario El Comercio. Por Arcadia hablará Rodolfo Napurí y se leerá una carta de presentación de Espacio Cultura Editores. Comienza por tanto la andadura de una gran novela, de la que se puede esperar todo, pues tendrá larga vida.

Cartel de la presentación:

Aquí les dejamos nuestro texto de presentación editorial:

“Espacio Cultura Editores” es un nuevo proyecto editorial que ve la luz, sin urgencias y en tiempos de crisis, producto de la pasión por el arte, la creatividad y la edición, de un grupo de autores provenientes de campos tan diversos como la literatura, la fotografía, la música o la arquitectura. Nuestro fin es editar proyectos en los que creemos, fomentando el largo recorrido y la apuesta por el autor, antes que el éxito inmediato.

Nuestra carta de presentación bien quisiera parecerse a aquello que dejó dicho  Goethe en una de sus cartas a Schiller: “Cuando no se habla de los escritos, como de los actos, con afectuosa simpatía, con un cierto entusiasmo fanático, queda tan poco que no merece la pena hablar de ellos; la alegría, el placer, la participación en las cosas es lo único real, que a su vez produce realidad; todo lo demás es vano y sólo obstaculiza”.

Proponer obras que tengan consecuencias, evidenciar talentos y disfrutar con la no siempre fácil relación autor-editor son nuestros presupuestos de partida.  Es por esto que poder contar con la generosa participación de Juan Carlos Mústiga, editando su nueva novela “Prisionero en la calle” es para nosotros suerte y privilegio a partes iguales.

Tienen que saber que el que suscribe conoció a Juan Carlos por medio del gran poeta peruano Pedro Granados, al que, por cierto, también queremos editar más pronto que tarde. El caso es que gracias a una conferencia internacional  que lo trajo a España, me regaló una tarde de sábado inolvidable. Porte criollo y sonrisa de paseante viajado del Callao, me recibió en el umbral de su hotel para contarme de su afán. Largo y prolijo afán, la Moleskine, que no grabadora, las grabadoras resultan inoportunas y poco veraces, echaba humo. Así, entre las líneas de Vallejo y la poesía de mi hermano Pedro Granados, Juan Carlos Mústiga tienta a la vida probando mil maneras de vivirla, la docencia universitaria, la edición, el publicismo, el negocio de la pesca en la generosa plataforma litoral peruana, donde —nos dice— las licencias debiera concederlas Neptuno y no el gobierno; el periodismo y, naturalmente, la escritura, que es su mayor gloria, aunque Mústiga, como todos los grandes, no se concede ni un instante de egolatría.

Escribe a vuelapluma sobre cualquier cuaderno que le viene al paso, ni tiembla ni duda, la caligrafía —cómo le gusta el trazo— corre libre para decir, por ejemplo: “Soy peruano y viajo siempre a través de mi lenguaje, prisionero voluntario del habla de mi país”. Me contó entonces que preparaba una nueva novela urbana, “Prisionero en la calle”, allí impostaría algunas voces de su “Manual de pistola automática”, desde un punto de vista tal vez más amable, aunque igual de necesario. La tristeza endémica —nos decía— por la conciencia del paso del tiempo, el viaje permanente, la infancia evocada; en fin, literatura, que es de lo que se trata. En el ínterin hablamos de aficiones comunes, los hijos, el cine, los amores perdidos, el mar, la caza, que no pesca, submarina; sus tiempos como depredador a pulmón, junto a los viejos “rascaplayas” del Perú, pioneros del submarinismo en aquel luminoso país, todo ello reflejado en un libro delicioso: “Cuadernos submarinos”, que apenas ha subsistido un par de días sobre la mesilla de noche.

Quedamos entonces en pergeñar algún proyecto común y miren ustedes por donde, hoy “Prisionero en la calle” ve la luz en edición conjunta con la editorial limeña Arcadia, pronto lo hará aquí, al otro lado del charco, para que el lector español pueda disfrutar de la grandeza literaria de Juan Carlos. Les puedo asegurar que con este proyecto se fragua uno de nuestros mayores deseos. Desde este Viejo Continente miramos con admiración pasmada, perpleja, la energía creativa de este Nuevo Mundo tan fértil en talentos y en desdichas. Y es en la literatura donde esa creatividad se muestra más generosa, la  lengua castellana se enriquece y se cuaja de matices, de palabras, de vida. ¡Qué hermosa aquélla frase de la liturgia, “El verbo se hizo carne…”! El verbo se hace carne en la novela de Juan Carlos. Manfredi, Petra, La Profe, Miles y Lunfucker, vida, carne, violencia y ternura. También Giovanni, y Liuba y los hermanos Torres, los pobrecitos. Y, sobre todo, la libertad ¿quién más libre que nuestro prisionero? Una voz cargada de la libertad que dan las pasiones, los recuerdos, los amigos, la literatura y la supervivencia.

Juan Carlos es un francotirador de las palabras. Cada una de ellas, certera como la honda de Manfredi, nos va desgranando la vida del prisionero a golpes, a flashes, al ritmo exacto en que el corazón bombea la sangre al cerebro. Del corazón al cerebro, ideas, imágenes que se agolpan y atropellan impulsadas hacia el texto como en una estampida.  Aquí aparece en todo su esplendor y crudeza el ser humano, el hombre como aquel mono desnudo de Desmond Morris que al final somos todos cuando nos quitan los aparejos y las cosméticas del cuerpo y de la mente. ¿Dónde termina Juan Carlos y comienza Manfredi? El prisionero en la calle respira realidad, una realidad tan alejada de otras realidades inventadas, que nos acaba doliendo. Porque nos reconocemos ahí, en el Colegio Luciérnaga al que todos hemos ido, porque es el lugar de todas las infancias y pobres de los que no lo recuerden. Y porque Rilke nos reveló que la patria del hombre es la infancia y no hay nada más cierto que eso.

Estamos convencidos de que a la novela de Juan Carlos le saldrán patas para caminar el mundo asombrando con pura literatura, tan peruana por el vocablo y tan universal por la potencia literaria. Deseamos que la paladeen y la disfruten, al rematar verán que Juan Carlos deja poso y pertinencia, ni siquiera puede evitarlo, lo suyo es el acto literario.

Hoy estás de enhorabuena “my friend” o como tú dices en la novela: . Sonrió al recordar el sobrenombre que le habían puesto los muchachos en la oficina, My friend.  Maifrén, como sonaba. “Mi amigo”, pero en inglés, porque también le decían gringo, a él que era más peruano que la pobreza y la mala reputación y el color guinda del pasaporte nacional.”

Muchas gracias y un abrazo fraternal desde España.

Juan Granados

Cristóbal Crespo

Espacio Cultura Editores

Salida de “Prisionero en la calle” de Juan Carlos Mústiga


“El tiempo perdido no se recupera jamás, pensó Manfredi,
pero en esa terrible nostalgia, siguió pensando, reside
la esencia creativa de todas las malas baladas, de las
afectadas y las cursis, “las que nos niegan”, pero, también,
de aquellas que más nos gustan y se nos pegan en
la memoria y acabamos tarareando o verdaderamente
cantándolas en la privacidad del cuarto de baño, en la
cama, en el asiento trasero del microbús, en las horas en
que el cuerpo no nos da para más y podemos tolerar únicamente
ciertas sensaciones, inocuas melodías y no pensamientos,
ni ideas, ni proyectos. Que tengo el corazón
en carne viva, que yo no sé olvidar como ella olvida, que
no sé dar un paso, que nada me interesa, sin ella, ¡sin ella!
cantaba Raphael por la radio. Qué nombre el suyo, se
atrevió a pensar un poco más ese díaManfredi.  Manfredi
Otárola.  Sonrió al recordar el sobrenombre que le habían
puesto los muchachos en la oficina, My friend.  Maifrén,
como sonaba. “Mi amigo”, pero en inglés, porque también
le decían gringo, a él que era más peruano que la
pobreza y la mala reputación y el color guinda del pasaporte
nacional.”

De Prisionero en la calle, Juan Carlos Mústiga.

En edición conjunta, Arcadia ediciones y EC editores acaban de llevar a la imprenta la última novela de Juan Carlos Mústiga  “Prisionero en la calle”, que comenzará a distribuirse en Perú  y en toda América Latina. En breve, Espacio Cultura  Editores la lanzará en España. La voluntad de confiarnos su proyecto, pues de eso se ha tratado, de un autor de enorme proyección como Juan Carlos nos llena de alegría. No pierdan de vista “Prisionero en la calle” les podemos asegurar que dará mucho que hablar, resulta muy difícil encontrar originales de tanto interés y pertinencia literaria. Estamos, pues, de celebración y enhorabuena.

Presentando a nuestros autores: Juan Carlos Mústiga